La artrosis es una de las enfermedades articulares más frecuentes en la población adulta y una de las principales causas de dolor y limitación funcional en el mundo. Se caracteriza por el desgaste progresivo del cartílago articular, el tejido que recubre y protege los extremos óseos dentro de una articulación.
Aunque tradicionalmente se asocia al envejecimiento, la artrosis no es exclusivamente una consecuencia de la edad. Su aparición también puede estar relacionada con factores mecánicos, metabólicos y genéticos, lo que hace fundamental su detección temprana y abordaje integral.
¿Cómo se produce la artrosis?
El cartílago articular actúa como un “amortiguador biológico” que permite un movimiento suave y sin fricción. Cuando este tejido se deteriora, los huesos pierden su protección y comienzan a rozarse entre sí, generando inflamación, dolor y rigidez.
Entre los principales factores de riesgo se incluyen:
• Envejecimiento
• Sobrepeso u obesidad
• Lesiones articulares previas
• Actividad laboral o deportiva de impacto repetitivo
• Predisposición genética
• Debilidad muscular periarticular
Las articulaciones más frecuentemente afectadas son rodillas, caderas, manos y columna vertebral.
¿Cuáles son los síntomas?
La artrosis suele evolucionar de forma progresiva. Sus manifestaciones más comunes incluyen:
• Dolor articular con el movimiento
• Rigidez, especialmente tras el reposo
• Disminución de la movilidad
• Crepitación o sensación de “crujidos”
• Inflamación leve intermitente
Es importante destacar que el dolor persistente no debe considerarse una consecuencia “normal” del envejecimiento.
¿Qué consecuencias puede tener?
Sin un manejo adecuado, la artrosis puede generar una limitación funcional progresiva, afectando actividades básicas como caminar, subir escaleras o realizar tareas laboralesque con el tiempo podrían afectar la independencia en las actividades básicas de vida diaria (AVDs).
El dolor crónico y la pérdida de movilidad pueden favorecer el sedentarismo, aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares, metabólicas y disminución de la calidad de vida.
¿Se puede prevenir o retrasar su progresión?
Aunque no siempre es posible evitarla, sí es posible reducir su impacto mediante estrategias basadas en evidencia:
• Control del peso corporal
• Ejercicio físico regular y adaptado
• Fortalecimiento muscular
• Evitar sobrecargas repetitivas
• Tratamiento oportuno de lesiones articulares
Nuestros especialistas recomiendan
En Traumatología y Medicina Física y Rehabilitación sabemos que la artrosis no debe abordarse únicamente desde el dolor, sino desde la función.
Nuestros especialistas recomiendan:
• Mantener una rutina de ejercicio terapéutico individualizado
• Priorizar el fortalecimiento muscular como “protector articular”
• Evitar la inmovilización prolongada
• Iniciar rehabilitación precoz ante los primeros síntomas
• Abordar el dolor de forma multimodal (ejercicio, educación y tratamiento médico)
En ARTRAUMA, nuestro enfoque está orientado a preservar la movilidad, reducir el dolor y mantener la independencia funcional del paciente a lo largo del tiempo.
Ante dolor persistente, rigidez o limitación funcional, una evaluación especializada permite un diagnóstico preciso y un plan de tratamiento personalizado.

